Nunca había sido tan fácil observar jugadores de cualquier parte del mundo. En una misma mañana podemos revisar un partido en Sudamérica, analizar un futbolista en Asia y terminar comparándolo con perfiles de distintas ligas europeas. Tenemos video, datos, plataformas especializadas, información contractual y herramientas que permiten filtrar miles de jugadores en pocos minutos. El problema es que los demás clubes también tienen acceso a prácticamente lo mismo.
Hace algunos años, una parte importante de la ventaja del scouting estaba precisamente en llegar a información que otros no tenían. Viajar, conocer determinadas competiciones, conseguir partidos, construir contactos y detectar jugadores que todavía circulaban fuera del radar general. Esa realidad ha cambiado bastante y creo que obliga a preguntarnos dónde está hoy la verdadera ventaja de un departamento de scouting.
Durante mi carrera he utilizado distintas plataformas, datos y herramientas de análisis, y cada vez permiten hacer más cosas. Hoy podemos comenzar una búsqueda aplicando filtros por edad, posición, características o rendimiento y reducir rápidamente un universo enorme de futbolistas. Para mí ese proceso ayuda muchísimo, pero sigue siendo solamente el comienzo. Después necesito ver jugar al futbolista, entender por qué produce determinados números, conocer el contexto donde compite y comprobar si las características que estoy observando tienen sentido para lo que estamos buscando.
Por eso siempre trabajo bajo una idea: primero el partido, después el dato.
Los datos permiten detectar tendencias que quizás no habíamos identificado inicialmente, comparar jugadores y ampliar enormemente nuestra capacidad de búsqueda. Sin embargo, cuando observamos el partido empezamos a encontrar las explicaciones. Un central puede presentar números defensivos extraordinarios dentro de una estructura que lo expone constantemente al duelo. Un extremo puede tener una producción ofensiva muy alta jugando en un equipo dominante y recibiendo permanentemente cerca del área. El rendimiento existe y el dato lo registra, pero para proyectar a ese futbolista hacia otro contexto necesitamos entender cómo se produjo.
Ahí aparece algo que para mí sigue siendo fundamental: conocer los mercados. No basta con abrir una plataforma y mirar una liga durante algunas horas. Cuando seguimos regularmente una competición empezamos a conocer sus ritmos, el nivel de los equipos, los estilos de juego, los entrenadores, los jóvenes que aparecen y también aquellos jugadores que llevan meses o años evolucionando. Con el tiempo dejamos de observar fotografías aisladas y empezamos a construir una película de cada futbolista.

La observación presencial también mantiene un valor importante. Hay información que todavía resulta difícil capturar completamente desde una transmisión, especialmente cuando trabajamos con jugadores jóvenes. Comportamientos lejos del balón, comunicación, reacciones después de un error, relación con compañeros, indicaciones desde el cuerpo técnico o respuestas ante determinados momentos del partido pueden aportar información relevante. A esto se suma conocer personas dentro del mercado, contrastar antecedentes y comprender mejor el entorno donde se está desarrollando el jugador.
Todo ese conocimiento debería quedar dentro del club. Un departamento puede producir cientos de informes durante una temporada y aun así construir muy poco conocimiento si cada evaluación termina guardada como un documento aislado. El verdadero valor aparece cuando podemos recuperar lo observado, comparar evaluaciones y revisar cómo evolucionó nuestra percepción sobre un jugador después de seis meses, un año o varias temporadas. Cuando aparece una necesidad en el mercado, comenzar desde información acumulada durante años cambia completamente la calidad de la decisión.
También obliga a ser cuidadosos con las conclusiones. Una buena actuación puede demostrar un rendimiento, pero no necesariamente define el nivel competitivo de un futbolista ni mucho menos su potencial futuro. Son preguntas diferentes. Por eso el seguimiento sigue siendo una de las herramientas más importantes del scout: permite comprobar comportamientos, detectar regularidad y aumentar la certeza con la que vamos construyendo una evaluación.
Probablemente durante los próximos años tendremos todavía más información disponible. Mejores datos, más partidos, nuevas herramientas y modelos capaces de encontrar similitudes entre jugadores en segundos. Todo eso hará que los departamentos puedan trabajar más rápido y analizar mercados cada vez más amplios, pero también seguirá igualando el acceso entre clubes.
Por eso creo que la ventaja competitiva del scouting estará cada vez menos relacionada con la cantidad de jugadores que podemos encontrar y mucho más con el conocimiento que somos capaces de construir sobre ellos. Tener diez mil futbolistas dentro de una base de datos es relativamente sencillo. Saber realmente cuáles pueden mejorar tu equipo sigue siendo la parte difícil.
Y hay una última parte que considero igual de importante: saber cuáles descartar. Un buen proceso de scouting también tiene que ser capaz de decir que no, incluso cuando estamos frente a un buen jugador. Porque encontrar futbolistas interesantes es una parte del trabajo; determinar cuáles realmente tienen sentido para tu equipo y cuáles no, es lo que termina protegiendo las decisiones deportivas del club.


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