Los datos en la elección de un entrenador

Cada vez que un club comienza la búsqueda de un entrenador se repite una conversación bastante conocida. Aparecen los nombres disponibles, los técnicos que conocen la liga, los que acaban de realizar una buena campaña y aquellos que tienen una historia previa con la institución. Después vienen las comparaciones por títulos, porcentaje de victorias, experiencia internacional o capacidad para trabajar bajo presión. Todo eso forma parte de la evaluación, aunque muchas veces siento que comenzamos demasiado rápido por los candidatos y dedicamos poco tiempo a entender qué necesita realmente el club. Antes de buscar un entrenador, me preguntaría cuál es el equipo que queremos construir, qué características tiene la plantilla actual, cuánto podemos invertir para modificarla y qué esperamos conseguir durante los próximos años. Sin esa conversación inicial, los datos pueden entregarnos mucha información y, aun así, conducirnos hacia un entrenador que resuelva un problema distinto al nuestro.

Cuando analizamos el porcentaje de victorias ocurre algo parecido. Un entrenador que ganó el 60 % de sus partidos siempre llamará la atención, especialmente si el otro candidato apenas supera el 40 %. Al profundizar pueden aparecer diferencias importantes: uno dirigía a la plantilla más cara del campeonato, contaba con recambios en todas las posiciones y trabajaba dentro de una estructura estable; el otro recibió a un equipo en zona de descenso, tuvo numerosas lesiones y debió competir con recursos limitados. Los porcentajes siguen siendo los mismos, aunque comienzan a tener otro significado. Me interesaría conocer la calidad de las ocasiones que sus equipos generaron y concedieron, su diferencia de goles esperados, el rendimiento frente a rivales de distintos niveles y la cantidad de puntos obtenidos en relación con la calidad de la plantilla. También revisaría si existió una dependencia excesiva de la definición, de las actuaciones del portero o de una racha difícil de repetir. Ninguna de estas métricas explicará por completo el trabajo de un entrenador, porque dentro de un resultado participan demasiadas personas y circunstancias, pero juntas pueden ayudarnos a comprender mejor el recorrido que produjo esos puntos.

Los datos también sirven para reconocer cómo intenta jugar un equipo. Podemos estudiar la altura de la línea defensiva, la velocidad de las posesiones, la cantidad de pases utilizados para progresar, las zonas donde se recupera el balón, la frecuencia de los ataques por dentro o por fuera y el número de jugadores que llegan al área. Si un entrenador registra un PPDA bajo durante varias temporadas, probablemente existe una intención de presionar con intensidad. En ese momento necesito mirar los partidos para comprender cómo se produce esa presión, porque el número puede reunir acciones muy diferentes. Quiero ver si los delanteros orientan la salida rival, si los mediocampistas reconocen cuándo saltar, qué distancias mantiene el equipo y cómo queda preparado cuando el adversario supera la primera línea. Hay equipos que recuperan arriba porque se mueven de manera coordinada y otros que corren mucho sin llegar a controlar realmente la jugada. En ambos casos podemos encontrar una actividad defensiva elevada, aunque la sensación y las consecuencias dentro del campo sean muy distintas.

Con la posesión sucede lo mismo. Un equipo puede tener el balón durante gran parte del partido y avanzar muy poco, mientras otro registra una posesión menor y consigue llegar con mayor claridad. Por eso me interesa saber dónde comienza y termina cada secuencia, cuántos pases rompen líneas, qué jugadores reciben a la espalda del mediocampo rival y desde qué zonas se generan los remates. También observaría el comportamiento según el marcador. Los equipos cambian cuando están ganando, cuando necesitan remontar o cuando enfrentan a un rival superior. Si un entrenador pasa muchos minutos en ventaja, sus cifras pueden mostrar un bloque más bajo y una posesión menor durante los tramos finales. Un equipo que suele ir perdiendo quizá acumule remates y posesiones largas porque sus rivales le permiten avanzar. Comparar a los candidatos en situaciones similares —con el marcador empatado, jugando de visitantes o enfrentando a equipos de una fuerza equivalente— permitiría acercarnos mucho más a sus verdaderas decisiones.

Otra dimensión que me interesa es la capacidad de encontrar soluciones cuando aparecen problemas. Contar la cantidad de formaciones utilizadas durante una temporada aporta una información bastante superficial, porque un entrenador puede cambiar el dibujo y mantener exactamente los mismos comportamientos. Prefiero observar qué hizo cuando perdió a su mediocentro principal, cómo modificó la salida ante una presión individual, de qué manera protegió una ventaja o qué aprendió después de enfrentar nuevamente al mismo rival. También revisaría el efecto de sus sustituciones, los cambios producidos durante los segundos tiempos y la evolución de sus equipos a medida que avanza la temporada. Un entrenador puede tener principios reconocibles y, al mismo tiempo, encontrar diferentes caminos para aplicarlos. Esa capacidad adquiere especial importancia en clubes que no pueden fichar un jugador específico para cada función y necesitan aprovechar los recursos disponibles.

Después llegaría una pregunta que a veces se posterga hasta que el entrenador ya está contratado: ¿cuántos futbolistas de nuestra plantilla pueden jugar de esta manera? Pensemos en un técnico acostumbrado a defender con una línea muy adelantada, iniciar desde el portero y presionar inmediatamente después de cada pérdida. El club tendría que revisar la velocidad de sus centrales, la capacidad técnica del portero, el recorrido de los laterales, la lectura defensiva de los mediocampistas y la disposición de los atacantes para sostener esfuerzos repetidos. Si varios de esos perfiles no existen, habrá que calcular cuántos fichajes se necesitan, cuánto costarán y cuánto tiempo puede tardar el equipo en asimilar la propuesta. El análisis del entrenador queda entonces conectado con el análisis de la plantilla, el mercado y la situación financiera del club. Contratar una idea de juego también significa asumir las condiciones necesarias para llevarla al campo.

Para ordenar toda esta información utilizaría una ponderación adaptada a la realidad del proyecto. Como punto de partida, asignaría un 25 % al rendimiento ajustado por contexto, un 20 % al estilo de juego observado, un 15 % al ajuste con la plantilla, otro 15 % a la capacidad de adaptación, un 10 % al desarrollo de futbolistas, un 10 % al encaje dentro de la organización y un 5 % al coste de la transición. Estos porcentajes cambiarían según el club. Una institución que necesita formar y vender jóvenes debería darle mayor importancia al desarrollo; un equipo con doce fechas para evitar el descenso tendría que valorar la capacidad de producir respuestas inmediatas; un club acostumbrado a dominar su campeonato necesitaría estudiar con especial atención cómo los equipos del candidato atacan defensas cerradas. La ponderación ayuda a ordenar la conversación y también deja a la vista qué está privilegiando la institución cuando toma la decisión.

Finalmente quedan aspectos que los datos de partido apenas alcanzan a mostrar: la calidad de los entrenamientos, la relación con el vestuario, la manera de comunicar una suplencia, el comportamiento después de una derrota y la capacidad para trabajar junto al director deportivo. Ahí aparecen las entrevistas, las referencias y las conversaciones con quienes han compartido el día a día del entrenador. Mi intención al utilizar datos sería llegar a esas instancias con mejores preguntas, con algunas hipótesis construidas y también con dudas concretas. Elegir a un entrenador siempre tendrá un grado importante de incertidumbre, porque estamos intentando imaginar su trabajo futuro a partir de experiencias desarrolladas en contextos diferentes. Aun así, estudiar cómo jugaron sus equipos, qué rendimiento consiguieron con los recursos disponibles y cuánto esfuerzo necesitaría el club para implementar su propuesta puede ayudarnos a tomar una decisión más coherente con el proyecto que queremos construir.

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