Mamma mia, Italia…

La Federación Italiana está a punto de cometer un error que va mucho más allá de elegir un entrenador. Está a punto de demostrar que abandonar a la selección para aceptar un contrato en Arabia Saudita no tiene consecuencias.

Nadie discute la capacidad de Roberto Mancini. Ganó una Eurocopa y ese mérito nadie se lo quitará. Pero también decidió abandonar el proyecto cuando Italia más necesitaba estabilidad. Una selección nacional no es un club más ni un destino al que se vuelve simplemente porque cambió el contexto.

Si el objetivo es competir desde mañana, Antonio Conte debería ser el seleccionador. No porque sea perfecto, sino porque conoce la exigencia del cargo y ha demostrado que sabe construir equipos capaces de competir desde el primer día.

Sin embargo, el verdadero error sería creer que ahí termina el problema.

La salida de Paolo Maldini y Leonardo dejó escapar una oportunidad mucho más importante que la elección de un entrenador. Representaban una mirada distinta, una reconstrucción desde la base y un plan pensado para el largo plazo. Si dos personas de ese nivel terminaron dando un paso al costado antes de comenzar, el problema no estaba en ellos.

Italia lleva demasiado tiempo buscando soluciones rápidas para problemas que requieren años de trabajo. Cambia entrenadores, cambia nombres y cambia discursos, pero sigue postergando lo realmente importante: reconstruir su fútbol desde las divisiones menores, formar mejores entrenadores, desarrollar futbolistas con mayor calidad técnica y devolverles a los jóvenes la libertad para interpretar el juego.

Porque las grandes selecciones no aparecen por casualidad. Son el resultado de una metodología, de un proceso y de una forma de trabajar que se sostiene durante años, incluso cuando los resultados no acompañan.

Italia no necesita encontrar al entrenador perfecto. Necesita volver a construir el fútbol que durante décadas produjo a esos entrenadores y a esos futbolistas. Mientras siga buscando la solución en la banca, seguirá ignorando el lugar donde realmente empieza el problema.

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