El lado derecho de Messi

Lionel Messi llega a la final del Mundial con cuatro asistencias. Una de ellas nació desde un córner frente a Suiza y responde a un contexto distinto, por lo que la dejaré fuera de este análisis. Las otras tres, dos contra Inglaterra y una frente a Egipto, muestran un patrón que se repite con bastante claridad cuando se revisan las jugadas una por una: todas comienzan con Messi recibiendo sobre el lado derecho.

No parece un detalle menor. Desde ese sector encuentra algo que hoy resulta fundamental en su juego: tiempo. Tiempo para orientar el cuerpo, levantar la cabeza y esperar la reacción del rival antes de decidir. Ya no recibe encerrado entre varios defensores como ocurría hace algunos años, sino con el campo por delante y diferentes líneas de pase abiertas. Puede conducir, combinar por dentro, cambiar la orientación o atacar directamente la última línea. La ventaja nace mucho antes del pase.

Messi recibe abierto sobre la derecha y concentra la atención de varios defensores ingleses antes de asistir a Enzo Fernández.

La primera asistencia frente a Inglaterra resume muy bien esa idea. Messi recibe sobre la derecha y varios futbolistas ingleses acuden a cerrar su zona. Mientras la defensa concentra esfuerzos para impedir que avance, Enzo Fernández queda completamente libre en el borde del área. Messi no necesita romper la línea con un pase imposible; le basta con atraer suficientes rivales para que el espacio aparezca donde realmente quiere jugar.

La acción termina con la asistencia, pero la ventaja ya se había generado unos segundos antes. El pase es simplemente la consecuencia de haber obligado a Inglaterra a defender donde él quería.

Frente a Egipto volvió a aparecer el mismo comportamiento. Messi recibe otra vez desde la derecha, conduce algunos metros y no acelera la jugada. Espera. Observa cómo la defensa comienza a desplazarse hacia el balón y recién entonces juega. La diferencia entre un pase correcto y una asistencia muchas veces está en ese instante de pausa. Messi entiende cuándo la estructura rival todavía está equilibrada y cuándo empieza a dejar espacios.

Ante Egipto, Messi vuelve a iniciar la jugada desde la derecha y espera el momento justo antes de acelerar el ataque.

La segunda asistencia contra Inglaterra completa el patrón. Otra vez recibe abierto sobre la derecha, pero esta vez la solución es distinta. En lugar de atraer rivales para liberar un remate frontal, detecta el espacio que se abre entre el lateral y el central. Lautaro Martínez interpreta perfectamente el momento del centro, ataca ese intervalo y cabecea prácticamente sin oposición.

Desde el mismo sector, Messi encuentra el espacio entre el lateral y el central para asistir a Lautaro Martínez.

Lo interesante es que ninguna de las tres asistencias es igual. Cambia el destinatario, cambia el tipo de pase y cambia la manera en que responde la defensa. Lo que permanece es el punto de partida. Messi recibe desde la derecha, obliga al rival a modificar su estructura y decide cuando esa reorganización deja de ser perfecta.

Esa posición también potencia una de sus mayores virtudes. Al ser zurdo, puede proteger el balón con el cuerpo mientras mantiene la pelota alejada del defensor y, al mismo tiempo, observar prácticamente todo el campo de frente. No necesita resolver en el primer control. Puede permitirse esperar medio segundo más, que para un defensor parece insignificante, pero para él basta para cambiar una jugada.

A los 39 años, Messi ya no condiciona los partidos únicamente por el regate o la aceleración. Lo hace, sobre todo, por su capacidad para manipular la defensa rival. Unas veces atrayendo rivales para liberar a un compañero; otras encontrando el espacio que aparece entre dos defensores; siempre obligando al oponente a reaccionar antes de que llegue el pase.

Quizás esa sea una de las mayores evoluciones de su juego. Ya no necesita que todas las ventajas las genere su conducción. Muchas veces le basta con recibir en el lado derecho, esperar unos segundos y dejar que sea la propia defensa la que termine creando el espacio que él ya había visto antes que nadie.

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