Dani Olmo y el valor de jugar entre líneas

Una mirada táctica al futbolista que mejor ha explotado los espacios entre líneas durante el Mundial.

Hay jugadores que destacan por lo que hacen con el balón. Dani Olmo lleva todo el Mundial llamándome la atención por lo que hace antes de recibirlo. Después de ver todos los partidos de España, la conclusión a la que llego como scout es bastante clara: ha sido el mejor futbolista del Mundial jugando entre líneas.

No lo digo por los goles o las asistencias. Tampoco porque sea el jugador que más veces interviene en los ataques. Lo digo porque cuesta encontrar otro futbolista capaz de interpretar con tanta precisión cuándo aparecer entre líneas, cuándo abandonar ese espacio y cómo convertir una recepción en una ventaja para todo el equipo.

Jugar entre líneas suele asociarse únicamente a recibir entre el mediocampo y la defensa rival. Para mí es bastante más complejo. Es saber cuándo fijar al mediocentro, cuándo atraer a un central, cuándo ofrecer una línea de pase y cuándo abandonar ese espacio para volver a aparecer unos segundos después. Dani Olmo ha dominado todas esas situaciones durante el Mundial.

Más que ocupar ese espacio, entiende cuándo aparecer para obligar al rival a decidir entre seguirlo o proteger la espalda.

Hay un detalle que se repite prácticamente en todos sus partidos y que, en mi opinión, explica buena parte de su rendimiento: sus perfiles corporales. Rara vez recibe completamente de espaldas. Antes de que llegue el pase ya ha orientado el cuerpo hacia la siguiente acción. Ese pequeño detalle elimina tiempo de ejecución y obliga al defensor a reaccionar en lugar de anticiparse.

La semifinal frente a Francia dejó una acción que resume perfectamente esa capacidad. Cerca del círculo central recibió con Michael Olise llegando desde su espalda. Antes del primer contacto hizo un pequeño gesto corporal que desplazó ligeramente al rival. Cuando controló el balón, la presión prácticamente había desaparecido. No ganó la jugada por velocidad. La ganó porque había interpretado la situación antes que el resto.

Su primer control tampoco busca únicamente asegurar la posesión. Muchas veces ya elimina a un rival. Y cuando eso ocurre, España encuentra una superioridad que obliga al bloque defensivo a reorganizarse mientras el ataque ya está avanzando.

Incluso bajo presión, Olmo mantiene la orientación corporal y encuentra la salida. Su primer control suele ser el inicio de la ventaja, no el final de la recepción.

Pero quizá lo que más valoro de su Mundial aparece cuando no tiene el balón.

Muchos de los mejores ataques de España empiezan con un movimiento suyo. Sale del intervalo para atraer al mediocentro, fija al central con un desmarque corto o cambia de altura para abrir una nueva línea de pase. En muchas jugadas ni siquiera participa en la asistencia ni en el remate, pero sí en la acción que permite que todo lo demás ocurra.

Cuando elaboro un informe de scouting siempre intento responder una pregunta: ¿este jugador mejora a los compañeros que tiene alrededor? En el caso de Dani Olmo, la respuesta es sí. No necesita monopolizar la posesión para influir en el partido. Su influencia aparece mucho antes, en pequeños movimientos que modifican la estructura defensiva del rival y facilitan que el siguiente receptor encuentre una ventaja.

Muchas ventajas ofensivas de España nacen antes del último pase. Los movimientos de Olmo atraen rivales, abren nuevas líneas de pase y permiten que el ataque avance con continuidad.

Mañana España disputará la final del Mundial frente a Argentina. Gran parte de la atención estará puesta, como es lógico, en Lamine Yamal. Sin embargo, si España consigue volver a instalarse con comodidad entre líneas, sospecho que Dani Olmo tendrá mucho que ver.

Cuando preparo videos para mostrarle a un jugador cómo jugar entre líneas, siempre intento encontrar ejemplos que expliquen distintos comportamientos: cómo perfilarse antes de recibir, cómo atraer rivales, cuándo abandonar el espacio, cómo utilizar el primer control para generar una ventaja o cómo acelerar una jugada con uno o dos contactos. Después de este Mundial, sé que muchos de esos cortes serán de Dani Olmo. Mañana, frente a Argentina, quizá solo tenga que añadir un par de acciones más.

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