El mediocampo puede decidir la semifinal

Cada vez que Francia y España se enfrentan, la atención suele irse hacia los extremos. Esta vez, en cambio, el centro del campo parece mucho más determinante. Ahí aparecen las principales diferencias entre dos selecciones que llegan con caminos distintos, pero con una misma necesidad: imponer su manera de jugar.

Rodri será el punto de partida de España. Todo pasa por él. Es quien ofrece la primera línea de pase, quien cambia el sentido del juego cuando el rival cierra un sector y quien tiene la calma para acelerar o detener el partido según el contexto. Su porcentaje de pases completados supera el 93% en el Mundial, pero el dato más importante no aparece en las estadísticas. España juega al ritmo que marca Rodri.

Rodri ha completado el 93,4% de sus pases en el Mundial. Más que un mediocentro posicional, es el futbolista que marca el ritmo de cada posesión española.

Francia encuentra ese liderazgo en Adrien Rabiot. Su despliegue físico suele llevarse los elogios, aunque su influencia va bastante más allá. Es uno de los jugadores que más participa en la salida del balón, rompe líneas con pases verticales y aparece constantemente como apoyo para darle continuidad a la posesión. A eso le suma un volumen de juego difícil de igualar. Pocos mediocampistas reúnen tanta presencia con y sin balón.

Rabiot combina recorrido, agresividad en los duelos y una salida de balón muy fiable. En el torneo supera el 91% de precisión en el pase.

Desde ahí nacen las dudas de ambos entrenadores. Luis de la Fuente debe decidir si acompaña a Rodri con Pedri o con Fabián Ruiz. Pedri ofrece una mayor capacidad para recibir entre líneas y asociarse en espacios reducidos, pero no ha tenido el impacto habitual durante el torneo. Fabián Ruiz atraviesa un mejor momento. Tiene más llegada, más recorrido y le entrega a España una presencia física distinta para competir en las transiciones.

Dos perfiles distintos para acompañar a Rodri. Pedri ofrece mayor creatividad entre líneas; Fabián Ruiz aporta más recorrido, presencia física y llegada al área.

Deschamps también debe resolver un escenario parecido. Si Tchouaméni está recuperado, Francia gana a un mediocentro que entiende muy bien cuándo sostener la posición y cuándo saltar sobre el poseedor. Koné cambia ese perfil. Presiona más arriba, conduce con mayor frecuencia y convierte muchas recuperaciones en ataques inmediatos.

Si juega Tchouaméni, Francia gana equilibrio posicional. Con Koné aumenta la agresividad en la presión y la conducción tras recuperación.

No creo que la semifinal pase por una discusión entre fuerza y técnica. Ese debate tenía sentido hace veinte años. Hoy ambos equipos mezclan las dos cosas. La diferencia estará en otra parte. España intentará que Rodri juegue con tiempo para decidir. Francia buscará que Rabiot pueda correr hacia adelante después de recuperar. Son dos formas distintas de dominar un partido.

Cuando Rodri recibe con tiempo para girar, España encuentra la ventaja que más busca: decidir el ritmo del partido desde el mediocampo.
Rabiot no sólo sostiene el equilibrio francés. También rompe líneas conduciendo y conecta rápidamente con los atacantes cuando encuentra espacios.

Al final, la alineación de Pedri o Fabián Ruiz, de Tchouaméni o Koné, puede modificar algunos matices. Lo que difícilmente cambiará será el lugar donde empezará a definirse el encuentro. El equipo que consiga adueñarse del mediocampo estará mucho más cerca de jugar la final.

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