
Querido Cristiano,
Todavía tengo la imagen tuya llorando después del partido.
Y no sé por qué, pero me costó verla.
Quizás porque sentí que estaba viendo el final de una historia que llevo siguiendo hace muchos años. Probablemente este haya sido tu último Mundial y cuesta hacerse a la idea.
Seis Mundiales.
Marcaste en todos.
Solo pensarlo impresiona.
Siempre me gustó la forma en que entendiste esta profesión. Nunca parecías satisfecho. Ganabas y querías más. Perdías y al día siguiente volvías a empezar. Mientras muchos buscaban explicaciones, tú seguías entrenando.
Siempre sentí que tu camino fue distinto. Que muchas veces tuviste que demostrar más que otros para llegar al mismo lugar. Y, aun así, nunca te vi poner una excusa.
Hace algunos años tuve la suerte de verte jugar en el Olímpico de Roma. Todavía me acuerdo de ese partido y de ese gol. Son de esos recuerdos que uno guarda para siempre.
Hoy, al verte salir de la cancha, me acordé de ese día.
Pensé en todo el camino que recorriste. En todo lo que viviste. En todas las veces que te caíste y volviste a levantarte. En todas las veces que parecía que ya no podías dar más… y encontrabas la forma de seguir.
No sé si alguna vez vas a leer esto.
Seguramente no.
Pero igual quería escribirlo.
Simplemente porque crecí viendo tu carrera. Porque disfruté muchos de tus partidos. Porque tuve la suerte de verte jugar en vivo. Y porque, aunque quizás nunca lo sepas, has sido una inspiración para mí.
Me enseñaste que el talento es importante, pero que sin trabajo, disciplina, sacrificio y una mentalidad inquebrantable es muy difícil llegar a la cima. Y, más difícil todavía, mantenerse ahí durante tantos años.
No sé qué viene para ti después de esto.
Pero sí sé que, cuando dentro de muchos años alguien me pregunte por Cristiano Ronaldo, no voy a empezar hablando de goles, de títulos o de récords.
Voy a hablar de un futbolista que nunca dejó de intentarlo, que nunca dejó de competir y que inspiró a millones de personas a perseguir sus sueños con la misma convicción con la que perseguía cada balón.
Gracias por tantos años.
Gracias por tantos recuerdos.
Y gracias por inspirarme a trabajar cada día con más pasión, más disciplina y más convicción.
Gracias por todo, Cristiano.



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