El problema no es Sané. Es lo que viene después.

Porque si nos quedamos solamente con el rendimiento, cuesta encontrar argumentos para mantener a Leroy Sané como titular. Ante Curazao volvió a tomar malas decisiones, desperdició ocasiones claras y fue probablemente el atacante alemán que menos aprovechó un partido que parecía hecho para ganar confianza.

Por eso no sorprende que haya quienes pidan un cambio.

Lo interesante es que el problema no es tan fácil de resolver.

Alemania no tiene un reemplazo natural para ese puesto. Jamie Leweling es un perfil diferente y Assan Ouedraogo suele sentirse más cómodo por dentro. Entonces aparece el nombre de Deniz Undav, que cada vez que entra deja la sensación de merecer más minutos.

Y ahí es donde empieza el verdadero debate.

Porque meter a Undav no significa simplemente sacar a Sané y listo. Significa mover piezas que hoy están funcionando. Significa sacar a Musiala o Havertz de zonas donde están haciendo daño para acomodar una nueva estructura ofensiva.

Y a veces eso termina generando más problemas de los que soluciona.

Musiala está encontrando espacios cerca del área. Havertz también. Ambos están jugando donde más cómodos se sienten y donde más pueden marcar diferencias. Alejarlos de ahí para corregir el bajo rendimiento de Sané parece una solución bastante arriesgada.

Además está el caso de Undav.

Hoy es probablemente el mejor revulsivo que tiene Alemania. Es de esos jugadores que entran con el partido abierto y cambian cosas. Si pasa a ser titular, Nagelsmann también pierde una de sus mejores cartas desde el banquillo.

Por eso entiendo que Sané siga teniendo oportunidades.

No porque esté jugando bien. Más bien porque las alternativas obligan a tocar demasiadas cosas alrededor suyo.

Al final, la pregunta no es si Sané ha rendido o no. Ahí hay poco debate.

La pregunta es si merece la pena modificar toda la estructura ofensiva de Alemania para corregir un problema que hoy tiene nombre y apellido.

Y esa respuesta no es tan evidente como parece.

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