Antes que todo, esto no es una crítica a Bielsa. Todo lo contrario. Es uno de los entrenadores que más admiro y una referencia para cualquiera que estudie este deporte.

Pero justamente por admirarlo creo que también vale la pena hablar de cuando las cosas no salen.
Tengo la sensación de que Bielsa nunca terminó de entender el lugar donde estaba.
Uruguay tiene un vestuario muy particular. No es un grupo al que llegas, cambias un par de cosas y todos siguen para adelante. Hay líderes muy fuertes, una historia detrás y una manera de competir que está metida en el ADN de esa selección.
Por eso me hizo ruido lo del capitán. No porque crea que un capitán tenga que jugar siempre. Para nada. Me hizo ruido el momento. Hay decisiones que terminan pesando mucho más puertas adentro que lo que aportan dentro de la cancha.
Después empezaron a aparecer otras señales. Las declaraciones de los jugadores. Las diferencias con algunos referentes. Y hasta cosas que en Bielsa cuesta recordar, como verlo jugando con doble nueve.
Siempre he pensado que Bielsa funciona mejor cuando puede construir desde el inicio, con futbolistas jóvenes, abiertos a aprender y a seguir una metodología muy exigente. En un vestuario lleno de referentes, con jugadores que llevan quince años defendiendo una misma forma de competir, la historia cambia.
Y eso no significa que Bielsa estuviera equivocado. Tampoco que los jugadores lo estuvieran.
Simplemente creo que nunca logró conectar con ese grupo.
Muchas veces hablamos de convicciones, y está bien. Son las convicciones las que hicieron de Bielsa uno de los entrenadores más influyentes de la historia. Pero dirigir también es interpretar personas, momentos y contextos.
Por muy buena que sea una idea, si no logra que el grupo la haga propia, termina quedándose a medio camino.
Y esa, al menos para mí, fue la historia de Bielsa en Uruguay.



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