Bélgica sigue sin respuestas: la generación dorada ya no alcanza

Bélgica volvió a dejar dudas ante Irán. No tanto por el resultado, sino por la forma.

Tuvo la pelota, remató más que su rival y pasó gran parte del partido en campo contrario. Sin embargo, volvió a parecer un equipo que depende más de sus nombres que de su juego.

El 0-0 deja una sensación difícil de ignorar. Bélgica domina partidos que nunca termina de controlar.

Irán entendió perfectamente dónde estaba el partido. Defendió bajo, cerró espacios por dentro y obligó a Bélgica a mover la pelota por delante de su bloque defensivo. La posesión fue belga, pero el desarrollo favoreció mucho más a Irán de lo que reflejan las estadísticas.

Ahí aparece uno de los principales problemas de esta selección. Cuando De Bruyne no encuentra espacios o Lukaku no logra imponerse cerca del área, cuesta ver alternativas. Bélgica acumula posesión, pero genera pocas ventajas reales.

Por momentos pareció un equipo esperando que alguna individualidad resolviera el partido.

Quizás por eso la sensación es que Bélgica sigue viviendo de la reputación construida por su generación dorada. Los nombres siguen siendo importantes, pero el equipo ya no parece crecer a partir de ellos.

Courtois volvió a ser uno de los mejores. Y aunque eso habla bien de su nivel, también deja una reflexión incómoda: cuando tu arquero termina siendo una de las figuras en un empate ante Irán, algo no está funcionando como debería.

La calidad individual sigue estando ahí. Lo que genera dudas es todo lo demás.

Hace algunos años Bélgica parecía una selección que estaba construyendo algo importante. Hoy da la impresión de estar intentando sostener lo que queda de aquello.

Y esa es una señal mucho más preocupante que el empate.

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